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Mesa para tres, cama para uno

por Javier Debarnot       Los cuatro eran apasionados por el póquer. También supieron ser grandes amigos en su adolescencia, pero luego de algunas manos que vinieron cambiadas hubo un corte en la relación, y aunque una de las opciones era barajar y dar de nuevo, decidieron seguir cada uno por su lado. Se acabaron las vacaciones juntos y dijeron “no va más” las borracheras de viernes por la noche, pero jamás extirparon a las mesas de póquer de sus vidas. Con el correr de los años, las convirtieron en una religión con misas semanales a las que faltar era un pecado imperdonable.         Cuando cada uno de los cuatro tuvo un trabajo con ingresos dignos, redoblaron la apuesta de sus partidas de jueves: de ser solo por amor al arte pasaron a hacerse por plata. Todo se volvió más interesante, más a cara de perro, y la cuenta regresiva para llegar al día del encuentro se les hacía cada vez más lenta. Maxi, Juan, el Flaco y Diego se desespe...

Séver led odnum le

por Javier Debarnot       -¿Cuánto falta para llegar a Amsterdam?         -Querrás decir, “cuánto falta para que Amsterdam llegue a nosotros”.         Yo miraba a mi interlocutor con cara de creerme el tipo más astuto del pasaje. El problema es que él me miraba raro. No sólo él, sino todos los que cruzaban palabras conmigo en ese vagón, o en el de atrás, o en el comedor. ¿Y desde cuándo esa sensación de incomprendido? Justo a partir de que le pregunté al primero si se había dado cuenta de que el tren no se estaba moviendo, que lo que se movía era el mundo exterior.         Está bien, lo admito, en ocasiones consumo marihuana y ésta se trataba de una de ellas. Me había fumado un fino antes de subir y acomodarme a mi asiento, pero conozco bien los efectos que produce el porro, y una cosa es que un semáforo en rojo dure seis minutos y otra muy distinta que haya movimientos...

¿Podés volar?

por Javier Debarnot       La pregunta sonó caprichosa. Parecían solo un par de palabras cargadas de inocencia lanzadas por un soldado novato buscando la respuesta de un gladiador de mil batallas, pero de aquellas que habían quedado muy atrás en el tiempo. Fabián necesitaba avivar el fuego de su alma, necesitaba una contienda épica más y ese nuevo desafío le había caído como un pequeño pedazo de carbón entre maderas rancias y cenizas hechas polvo.         Su corazón pedía a gritos sentir la gloria otra vez y la oportunidad había llegado. Un centenar de testigos dice que se trató de un simple partido de fútbol en Tortuguitas para definir un ascenso a primera, pero en realidad fue una confrontación que ponía cara a cara a dos fuerzas desiguales. Un equipo venia arrasando con todo y devorándose crudos a sus rivales. Y el otro llegaba por el camino opuesto, sufriendo más de la cuenta, casi dejando la vida en cada choque y resurgiendo de...

Road story

por Javier Debarnot      Impulsada por el viento, la brasa del Camel voló desde la parte exterior de la ventana delantera hasta meterse por la de atrás. Se dejó caer por el espacio existente entre la base y el respaldo del asiento y en pocos segundos ya estaba en el maletero, acolchonada por una bolsa de residuos gris. Al tratarse de una de esas que se encienden enseguida, apenas hubo unos instantes de olor a plástico chamuscado antes de que brotara la violenta llamarada        El fuego llegó al tanque de gasolina y la explosión fue instantánea, transformando al coche en una antorcha rodante. El conductor, también rodeado por las llamas, poco pudo hacer para evitar el impacto contra un árbol. Entre alaridos de dolor logró abrir la puerta del lado del acompañante y abandonar esa maraña de metales, vidrios y tapizados ardientes.        A los cuatro pasos se desplomó al borde de la ruta, atormentado por un infierno cr...

No apto para valientes

por Javier Debarnot      Desde chiquitos empezamos a tener miedo. Incluso desde mucho antes de tener uso de la razón, cosa que a muchos les demora varias décadas. Es que el miedo es algo que no te lo enseña nadie, más bien uno lo aprehende a la fuerza. Y probablemente, eso pasa la primera vez que los padres desalmados nos dejan solos en la cuna, de noche, y con sombras raras que se dibujan en la pared de nuestra habitación.        Una vez que ya tenemos instalado el miedo.exe en nuestro disco rígido interno, ahí sí que otras personas tienen vía libre para meternos aplicaciones que son fácilmente ejecutables: el hombre de la bolsa, el cuco, el fantasma Benito, el señor de las inyecciones, Menem, etc., etc. Hay también otros miedos que serían ridículos e insignificantes para el 99,9% de las personas, pero la pesadilla más cruel para el pobre desalmado que lo sufre. Y todos los tienen, eso está claro. No duden de que el hombre de la bolsa le te...

La falsa moral

por Javier Debarnot      Lucas recordaba poco y nada de los desvariados sermones que le daba su abuelo Roque, pero quien sabe por qué, un par de frases suyas le quedaron grabadas para siempre.          -Como caballero que sos, le debés respeto a todas las damas, pero hay unas a las que particularmente no tenés que ofender jamás.          -¿A qué damas?          -A la moral y a las buenas costumbres.          Y justo en eso pensaba cuando empezó a trabajar como estatua viviente, cagando en un inodoro de la calle Florida. Claro que no se lo tomaba como un laburo cualquiera. Lucas exprimía al máximo su creatividad para darle constantes cambios de rumbo a sus estáticas actuaciones. Algunos días podía adivinarse por su expresión que había ingerido un suculento asado. En su siguiente presentación, la figura satirizada era la misma, pero los más perspicac...