Cruzada de un caballero alegre hacia una noble madurez
por Javier Debarnot Son las once y la avenida Tres tiene poco que contar. Así transcurrían, demasiado anodinas, algunas noches de mis vacaciones de mediados de los noventa, pero a pesar de ello cada año planeaba con amigos un viaje a Gesell que nunca dejábamos de hacer. Esa playa tenía una rara e inexplicable atracción para mí: sólo así se explica que en pleno uno a uno no haya viajado nunca a Brasil y terminara todos los eneros emborrachándome en la ciudad de los médanos. Pero esa velada de otro jueves cobarde parecía condenada a la ruina y la rutina, dos palabritas cuyo significado es muy parecido con la diferencia de la letra te que hace todavía más violento el asunto. Saturados de la misma discoteca de siempre pero degustando del pico la birra nuestra de cada noche, estábamos derrumbados en las escaleras de un portal mientras practicábamos en simultáneo las dos disciplinas olímpicas que mejor se nos daban por aquella época, decir boludeces y dejar pasar el tiempo. -Ch...