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Mesa para tres, cama para uno

por Javier Debarnot       Los cuatro eran apasionados por el póquer. También supieron ser grandes amigos en su adolescencia, pero luego de algunas manos que vinieron cambiadas hubo un corte en la relación, y aunque una de las opciones era barajar y dar de nuevo, decidieron seguir cada uno por su lado. Se acabaron las vacaciones juntos y dijeron “no va más” las borracheras de viernes por la noche, pero jamás extirparon a las mesas de póquer de sus vidas. Con el correr de los años, las convirtieron en una religión con misas semanales a las que faltar era un pecado imperdonable.         Cuando cada uno de los cuatro tuvo un trabajo con ingresos dignos, redoblaron la apuesta de sus partidas de jueves: de ser solo por amor al arte pasaron a hacerse por plata. Todo se volvió más interesante, más a cara de perro, y la cuenta regresiva para llegar al día del encuentro se les hacía cada vez más lenta. Maxi, Juan, el Flaco y Diego se desespe...

Falta envido y truco

 por Javier Debarnot      Hay oficios y profesiones que no requieren más explicaciones que la simple mención de ellos. “Soy doctor”, “soy abogado”, “soy domador de anacondas epilépticas”. Claro y conciso, cortito y al pie, ante estas afirmaciones no nos cuesta nada imaginarnos a un hombre operando, a otro mintiendo y al último consumiendo drogas duras antes de empezar su trabajo.      El problema es el que vengo teniendo yo, hace casi una década, cuando tengo que contarle a alguien que no conozco de qué me gano la vida. “Soy creativo”, digo con cierta timidez y sin mostrar ni una pizca de soberbia, pero no puedo evitar recordar a un genial cómico cuyo nombre desconozco que en un monólogo en el que se mofaba de los que trabajaban en publicidad, reproducía el siguiente diálogo:      -¿De qué trabajás?      -Soy creativo, ¿y vos?      -¿Yo? (haciendo una pausa) Yo soy genial...