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Mostrando las entradas etiquetadas como Barcelona

Agua, fiesta

por Javier Debarnot -¿Está empezando a llover? -¡Estaba anunciado! -Sí, ¿pero justo ahora? Tenía razón mi circunstancial compañero de cancha. El servicio meteorológico, siempre tan aguafiestas, venía anticipando que justo a la hora en que comenzara la final se largaría una lluvia de aquellas. Pero uno siempre tiene la esperanza de que el pronóstico le erre fiero, ese de índole climático y también aquel que presagiaba que era imposible conseguir entradas para ese partido, el más importante en las últimas décadas para el club de mis amores. Estando todavía en Barcelona, empecé a mover varios hilos –hilos tecnológicos, los guasaps y mesenyers de turno- para ver si algún buen samaritano desde Buenos Aires me conseguía un sitio para el partido definitorio de la Copa más importante de América. -¿Cuántas entradas querés? Cuando leía esa respuesta-pregunta de mi amigo Ale, me ilusioné a lo grande porque creí que la posibilidad no sólo era cierta, sino que además po...

Cruzada de un caballero alegre hacia una noble madurez

por Javier Debarnot Son las once y la avenida Tres tiene poco que contar. Así transcurrían, demasiado anodinas, algunas noches de mis vacaciones de mediados de los noventa, pero a pesar de ello cada año planeaba con amigos un viaje a Gesell que nunca dejábamos de hacer. Esa playa tenía una rara e inexplicable atracción para mí: sólo así se explica que en pleno uno a uno no haya viajado nunca a Brasil y terminara todos los eneros emborrachándome en la ciudad de los médanos. Pero esa velada de otro jueves cobarde parecía condenada a la ruina y la rutina, dos palabritas cuyo significado es muy parecido con la diferencia de la letra te que hace todavía más violento el asunto. Saturados de la misma discoteca de siempre pero degustando del pico la birra nuestra de cada noche, estábamos derrumbados en las escaleras de un portal mientras practicábamos en simultáneo las dos disciplinas olímpicas que mejor se nos daban por aquella época, decir boludeces y dejar pasar el tiempo. -Ch...

Ha sido increíble

por Javier Debarnot Lo malo de viajar en Metro cada mañana no es que vaya lleno por la hora punta, o no enganchar señal para el móvil entre determinadas estaciones. Lo malo es que nunca pase nada. Lo insoportable es la rutina, que como un gigante va avanzando muy de a poco pero aplastando todo a su paso. Cuando me subí en Badal ese jueves de abril, lo único distinto al resto de los días era el hecho de ser Sant Jordi, motivo por el cual decenas de chicas iban con una rosa en la mano. Para mi gran fortuna iba sentado, y desde mi comodidad poco habitual me llamó la atención una de las mujeres que llevaba una flor como las demás, con la diferencia de que ella era bellísima. Me eclipsaron sus ojos miel y quedé obnubilado, tanto que ni me percaté que un hombre estaba yendo hacia la dama abriéndose paso entre el resto de los viajantes, como braceando en un mar arremolinado. -¿Quién te regaló esa rosa? –le preguntó de un modo tan agresivo que nadie en el vagón pudo evitar dir...

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

por Javier Debarnot Sentado sobre el confortable sillón, Mario se saca una legaña con un dedo y con otros dos abre y cierra mecánicamente los distintos menús de su móvil. A su alrededor, cuatro de sus amigos hacen lo mismo y unos cuantos más revolotean por la zona, todos medio dormidos, la mayoría ansiosos, pero ninguno tan ilusionado como Mario. Pasan los minutos y cada tanto vuelve a revisar la misma conversación. Queda eclipsado, una y otra vez, y ya se sabe de memoria ese ininterrumpido intercambio de mails, entre él y Anna, que había empezado cuatro días antes y tenía su último mensaje la noche anterior. Mario sonríe de sólo imaginar la alegría que le había provocado la llegada de cada correo y, más que nada, el contenido de los mismos. Compartió con Anna dos semanas que, ni se permite dudarlo, fueron las mejores de su vida, una vida corta, cualquiera podría aclararle y tendría razón, pero en sus diecisiete años Mario jamás había estado tan obnubilado como lo estaba a...

Futboleros

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por Javier Debarnot Cuando Manel creó el grupo Futboleros para el WhatsApp invitando a David y a Javi, estuvieron casi media hora cambiando la imagen del perfil. Los dos primeros, como fieles pericos, ponían fotos del Espanyol, y el último contrarrestaba con alguna de Messi. Viendo que podían seguir así por toda la eternidad, alguno fue coherente con el nombre Futboleros y metió a una tía en pelotas, y ya nadie más la tocó –aunque estaba para tocarla toda la noche-. La consigna del grupo era clara: con el fútbol y la rivalidad Barça-Espanyol como hilos conductores, el objetivo era molestar al otro, sacarlo de quicio y, en lo posible, dejarlo sin respuesta tras el agravio verbal. Se planteaba un duelo desigual según donde se lo mirara, ya que aunque por un lado eran dos pericos contra un culé, también se podía apreciar una batalla dialéctica entre un seguidor de uno de los equipos más poderosos del mundo contra dos fanáticos de un club de medio pelo que apenas conocían afuer...

Ojos que ven

por Javier Debarnot A Sergi no le importa nada ni nadie, aunque mejor dicho, sólo le interesan el dinero o las personas que le ayuden a juntarlo. Tampoco es un tipo que cultive su aspecto espiritual sino más bien todo lo contrario. Su premisa es que tenemos una única vida y lo demás son tonterías, o al menos eso pensaba hasta aquel encuentro que le dio vuelta todo. Un día antes, está revolviendo un cajón buscando la documentación de una de las decenas de propiedades que tiene en su haber, cuando lo interrumpe una llamada telefónica. Nerea, su secretaria, le avisa que quieren pedirle una reunión los inquilinos de un piso suyo. Al confirmarle de que se trata de la familia que las autoridades están a punto de desahuciar por falta de pago, la respuesta de Sergi no admite más explicaciones: que se vayan a la mierda. -Que no me moleste ni Cristo hasta después de comer. Nerea sabe que una nueva interrupción puede enfurecer a su jefe hasta el extremo de tener que soportar una ...

Crónica de una independencia anunciada

por Javier Debarnot 24 de septiembre de 2019           El día en que se iban a separar, o más bien el día en que se iba a definir hacerlo, España y Cataluña amanecieron juntas, acaso por última vez. España era un país vasto, lleno de comunidades entre las cuales estaba incluida Cataluña. Por eso aquella mañana, como miles y miles de días atrás compartidos en el calendario, una era parte de la otra; y sus historias, las de sus habitantes en común, seguían rodándose en paralelo. Así había sido para los españoles que vivían en Cataluña y para los catalanes que compartían tierra con España. Así, hasta el día en que se iban a separar, allá por el año 2017.       Hoy, habiendo pasado dos años de aquel trágico día, son pocas las personas que sin haber vivido la implosión desde adentro pueden explicarse, a ellos y al resto del mundo, lo que en verdad ocurrió. Hoy no se conserva nada de todo lo que alguna vez fue. España ha quedado manca...

Seis vagones y un mismo viaje

por Javier Debarnot I. 3 de junio a las 17:53 en un vagón de la línea 5, dirección Vall d´Hebron: Una bellísima mujer, de pie junto a una de las puertas, mantiene una acaramelada conversación vía móvil. “No puedo aguantar ni un minuto más sin verte. Sí, me he puesto tu perfume favorito y el sostén que te vuelve loco, para que me lo quites… No, mi marido tiene una reunión de directorio, así que hasta las 9 de la noche no notará mi ausencia, pero tranquilo, que desconecto este aparato y que se caiga el mundo: seré sólo para ti, y toda para ti”. II. 2 de agosto a las 6:53 en un vagón de la línea 1, dirección Fondo: Dos hombres intentan llevar una conversación mientras luchan contra legañas y bostezos. -¿No es demasiado temprano? -No, te digo que ya debe haber gente. -Qué mal estamos, ¿quieres decirme que cada día la gente hace dos horas de cola para ver a un abogado? -Sí, aunque desconozco cuántos tuvieron la suerte de llegar una mañana al trabajo y ver que había...

Capicúa

por Javier Debarnot      La palabra capicúa (del catalán: cap i cua, cabeza y cola) se refiere a cualquier número simétrico que, por ello, se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Si una historia empieza mal y se trata de una historia capicúa, por una razón simétrica no puede soportar otro destino posible que no sea igual a su comienzo, es decir que acabe mal.      El ferrocarril, por viejo y descuidado, fallaba mucho. En esa ocasión el imperfecto le había permitido a Otto bajarse del vehículo en movimiento, cuando el tren ya encaraba sobre los rieles hacia la siguiente estación pero aún así mantenía sus puertas abiertas.      Recién descendido del furgón, Otto  iba en bicicleta y maldijo porque la única opción que le presentaba el camino era una cuesta empinada hacia arriba. A pedalear con ganas. Fueron sólo unas manzanas, pero las suficientes para dejarlo con la lengua afuera, y a poco de acaba...