Tiempos de ir agachando la cabeza
por Javier Debarnot El doctor Osorio, creyendo que iba a ser una tarde-noche más, llegó a la guardia con la cabeza que se le estaba partiendo, pero sólo al cruzar la puerta del hospital la escena que vio le arrancó todas sus molestias y preocupaciones de cuajo. ¿Se había desatado una guerra y se estaba enterando recién en aquel instante? Heridos. Decenas de ellos. Sentados en la sala de espera los menos graves o desplomados en camillas los que se retorcían de dolor, y por la puerta no dejaban de ingresar más y más, y en la entrada de la guardia la banda sonora de la sirena de las ambulancias no se detenía un segundo por el desfile incesante de vehículos trayendo nuevas víctimas. -¿Qué está pasando, por Dios? –le preguntó Osorio a su compañera, la doctora Levaggi. -No sé, pero creo que esto recién empieza. Los teléfonos estaban colapsados, aunque muy rápido se pudo tener un panorama de la situación a través de otros medios como internet. Los hospitales de t...