El cielo de Tincho
por Javier Debarnot Basado en hechos reales Desde arriba de las nubes se veía todo borroso, pero una magia o un “no sé qué” permitía que el objetivo de los ángeles se divisara bien claro, tan cristalino y puro como su alma, la del joven que paseaba con su perro cerca de las vías del tren. No sabía que pronto iba a saltar de un mundo a otro. -Ahí va Martín. -¿Martín, “el arquitecto”? -Sí, él nos regaló este caparazón de tortuga donde estamos sentados ahora mismo. Martín, unos meses atrás, había empezado a desarrollar una afición muy particular y genial, sólo apta para elegidos. Al mirar hacia el cielo, las formas de las nubes despertaban su imaginación e impulsaban a su mano artista para transformarlas. Los cielos de Martín no presagiaban ni probabilidades de lluvia ni visibilidad variada. Sus cielos estaban llenos de dinosaurios, de gallinas, de filósofos griegos con barba, y él, sin saberlo, con esa brillante idea estaba haciendo dos cosas a la vez: reg...