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Un infarto en el entretiempo

por Javier Debarnot Dice la actual esperanza de vida al nacer que, si no ocurre nada raro, se pueden vivir como mínimo 80 años. Podemos concluir que son dos tiempos de 40 años y pico. El 6 de junio de 2017, meses después de soplar las 41 velas, yo estaba en el descanso, digamos en el vestuario, preparándome para salir a jugar la segunda parte de mi vida. Entonces, el Barba me frenó en las escaleras del túnel y me dijo: -No, Javi, descansá tranquilo que el segundo tiempo no lo jugás. De repente, y cuando uno piensa que lo tiene todo controlado, pasa algo que te deja acostado mirando al techo. A los tres segundos se te empieza a nublar todo y "clac", se te apaga un rato la vida. Lo que algunos pueden definir como metáfora de aprendizaje, para mí fue una embolia pulmonar. Eso lo iba a saber varias horas después, lo de mi diagnóstico. La embolia pulmonar, una absurda desconocida para mí, era siendo más específicos un trombo-embolismo pulmonar, y siendo más dr...

El cielo de Tincho

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por Javier Debarnot Basado en hechos reales Desde arriba de las nubes se veía todo borroso, pero una magia o un “no sé qué” permitía que el objetivo de los ángeles se divisara bien claro, tan cristalino y puro como su alma, la del joven que paseaba con su perro cerca de las vías del tren. No sabía que pronto iba a saltar de un mundo a otro. -Ahí va Martín. -¿Martín, “el arquitecto”? -Sí, él nos regaló este caparazón de tortuga donde estamos sentados ahora mismo. Martín, unos meses atrás, había empezado a desarrollar una afición muy particular y genial, sólo apta para elegidos. Al mirar hacia el cielo, las formas de las nubes despertaban su imaginación e impulsaban a su mano artista para transformarlas. Los cielos de Martín no presagiaban ni probabilidades de lluvia ni visibilidad variada. Sus cielos estaban llenos de dinosaurios, de gallinas, de filósofos griegos con barba, y él, sin saberlo, con esa brillante idea estaba haciendo dos cosas a la vez: reg...

De regreso a octubre

por Javier Debarnot Hace 14 años me tatué a octubre en el hombro. No estaba relacionado al mes, de hecho me lo hice el 1 de noviembre, y era para homenajear al mejor disco de mi banda de rock favorita. Pero hoy, que ha pasado tanto tiempo, lo veo como una premonición: un octubre de 2006 fue el mes que cambió mi vida para siempre. Cada octubre tengo una sensación extraña en el estómago, de esas que ni se explican ni se entienden, y algún día del mes caigo, cuento y aterrizo. Ya conté hasta ocho, porque pasaron ocho años desde mi entrada a España. Al advertir el acontecimiento, comprendo la presencia de esos aleteos internos que me invaden en esta época y que son los que intentan comunicarle a mi razón que mi alma quiere gritar y llamar la atención en cada aniversario. Cada octubre, una parte de mis sentimientos se ve afectada por una ausencia que se extiende en el tiempo y que nació desde que me fui, porque ya llevo casi una década huérfano de patria. Las consecuencias de ha...

Un mes con la idea FIFA

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por Javier Debarnot Pocos minutos después del 4 a 0 que nos metió Alemania, le dije en un balcón a Augusto que quería quedar en estado vegetativo por cuatro años y despertarme unos días antes de Brasil 2014. Si ese sinsentido se hubiera materializado –agradezco a Dios que no fue así-, ahora mismo estaría abriendo los ojos después de ese paréntesis de cuarenta y siete meses. Llegó el momento: en una semana y pico la selección Argentina volverá a convidarnos de ese sueño que hace más de veinte años acaba siempre en pesadilla. Volviendo a esa amarga tarde veraniega en donde los alemanes nos habían dado esa histórica sandunga para echarnos de Sudáfrica, yo sólo deseaba –aparte de la ridiculez de caer en un largo coma- que España quedara afuera lo antes posible. De pura envidia, nomás. De no querer saber nada con la alegría ajena, que no te la refrieguen por la cara, porque viviendo en Barcelona yo estaba en el lugar indicado en el momento justo, y ya saben cómo ter...

Okupas

por Javier Debarnot Dejé mi hogar diciéndole adiós a mi historia reciente sin grandes aspavientos. Crucé toda la ciudad, hasta el otro lado del río, y mientras vagaba por allí, una noche de luna llena de octubre, vi una puerta cerrada a medias que mi optimismo tradujo en abierta por la mitad. Tenía ante mí una oportunidad grande como una casa. Primero con timidez y después con firmeza, empujé el portón y me metí. Sin hacer mucho ruido, acomodé mis pocas cosas en los recovecos de la morada tomada y caí rendido al sueño. Y de eso ya van casi ocho años. No era el único en aquella casa. Éramos muchos okupas que proveníamos de los sitios más recónditos, pero no se trataba sólo de nosotros, los teóricos invasores. Los dueños de casa también deambulaban por los pasillos y se los veía amos y señores de sus habitaciones, de la cocina, del baño, de todas las salas comunes. Los primeros días, semanas, y hasta meses, nos miraban por encima del hombro, marcando la diferencia, subrayánd...

María Cristina

por Javier Debarnot      Laia intentaba focalizar. Por unos pocos segundos, nada se interponía entre sus ojos y el techo amarillo de la estación María Cristina, hasta que aparecieron varias cabezas y unas voces le preguntaron si estaba bien. Y no, no estaba bien. Su corazón hacía lo que podía mientras ella boqueaba como un pez arrancado del agua. **********      Veinte minutos antes, Laia bajaba por las escaleras turbada por lo que le había dicho su ginecólogo, “sería un milagro que pudieras quedarte embarazada”. Pasó la tarjeta del Metro y ganó el andén, pero de golpe todo empezó a nublársele. Después de recobrar sus sentidos, vio que a su alrededor la gente iba vestida con ropa de los setenta y ella parecía ser la única desubicada. Flipó.      Un rato después, esperando pacientemente el Metro, Laia se sorprendió con una chica que le era familiar. Tenía su misma edad y atesoraba una carpeta entre sus brazos. Convencida ...

Crónica de una independencia anunciada

por Javier Debarnot 24 de septiembre de 2019           El día en que se iban a separar, o más bien el día en que se iba a definir hacerlo, España y Cataluña amanecieron juntas, acaso por última vez. España era un país vasto, lleno de comunidades entre las cuales estaba incluida Cataluña. Por eso aquella mañana, como miles y miles de días atrás compartidos en el calendario, una era parte de la otra; y sus historias, las de sus habitantes en común, seguían rodándose en paralelo. Así había sido para los españoles que vivían en Cataluña y para los catalanes que compartían tierra con España. Así, hasta el día en que se iban a separar, allá por el año 2017.       Hoy, habiendo pasado dos años de aquel trágico día, son pocas las personas que sin haber vivido la implosión desde adentro pueden explicarse, a ellos y al resto del mundo, lo que en verdad ocurrió. Hoy no se conserva nada de todo lo que alguna vez fue. España ha quedado manca...