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Compra-venta

por Javier Debarnot Mauricio, a quien todos conocían como el Master, era el vendedor ambulante más caradura del mundo, capaz de ofrecerle a los transeúntes los productos más inusuales y, lo más llamativo, hacerles creer que los necesitan. Un jueves a las dos de la tarde, iba caminando por las calles porteñas del centro cuando se detuvo a atarse con más fuerza los cordones de sus zapatos. Lo interrumpió una voz de alguien que pasaba. -¿Qué estás vendiendo? -Lo que vos quieras comprar, papá –le contestó sin siquiera girar su cuello, todavía tironeando de uno de los cordones de su calzado hasta que se le partió por su exceso de fuerza. -Parece que hoy no es tu día de suerte –seguía hablándole el hombre que se había parado a su lado. -Yo no necesito suerte, ¿vos qué necesitás? Yo te vendo lo que sea. -Ah, qué bueno, porque yo justamente compro lo que sea. -Entonces encontraste al tipo indicado. Lo querés, lo tenés. Decime ya mismo qué es lo que te haría feliz. ...

¿Una carta?

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por Javier Debarnot Hace pocos días, metiendo cosas en cajas para nuestra futura mudanza a Dublin, casi que me tropecé con una carta de una ex-novia de la juventud, una solitaria hoja amarillenta que llevaba dos décadas atrapada en un sobre de papel y que me provocó lo obvia curiosidad, muchísima, de querer saber lo que me decía esa chica tantos años atrás cuando nuestras vidas eran otras, porque ella y yo éramos otros, muy distintos, nosotros y todo el mundo que nos rodeaba. Leí… Barcelona, viernes 13 de octubre de 1995 Amor: Tengo tantas cosas para decirte que no sé ni por dónde empezar. La mano me tiembla de la emoción y por eso te anticipo que la letra me va a salir así, medio deforme y fea, como si en vez de escribirte con una lapicera tuviera un taladro en la mano. Te puse dos líneas más arriba que no sabía por dónde empezar y me acabo de iluminar. Sé que es medio egoísta arrancar hablando de mí, pero es que no hay otra persona en el mundo con quien quiero c...

Los ojos del alma

por Javier Debarnot Aldana nunca fue una niña de seis años parecida a la mayoría de las niñas de seis años. Desde que empezaba a enfocar sus ojos a los pocos meses de nacer, ya se veía que su mirada apuntaba a otros sitios. Pero sus familiares y amigos, aun conociendo las rarezas que Aldana traía consigo desde la cuna, jamás hubiesen imaginado lo que, ya comprobado fehacientemente, llevaba adentro esa niña tan especial. Empezó a caminar de una manera precoz, a sus nueve meses de vida. Pareció incluso que hubiera podido hacerlo antes: su imposibilidad residía en que, hasta el momento de dar sus primeros pasos, sus pies no tenían la fuerza necesaria para sostener al resto de su cuerpo, pero se notaba a la legua que Aldana sí contaba con la motricidad adecuada, como si hubiese llegado al mundo con esa capacidad ya aprehendida. Esa, la de caminar, y tantas otras. Al ver de tanto en tanto algún álbum de fotos, solía quedar eclipsada por imágenes antiguas, todavía en blanco y n...

La decisión de Julio

por Javier Debarnot Jueves, 9:53 PM El movimiento mecánico de la fregona ya era para Julio una suerte de paso de ballet, como una coreografía elegante y pausada que venía repitiendo desde hacía seis horas, habiendo empezado por la cuarta planta y a punto de acabar el último piso del edificio. Derecha, izquierda, doce veces así, y a sumergir otra vez el palo con peluca en el cubo de agua. Julio tenía un cansancio de esos que te obligan a seguir manteniéndote activo, consciente de que en caso de frenar se puede sufrir un desmayo instantáneo. Y él no quería padecerlo faltando apenas siete minutos para acabar su jornada laboral, una más de esas “limpias e impolutas”. Una más al cabo de los últimos veinticuatro años. Unos pasos de baile más y en su cabeza escuchó un “chan, chan”, como el cierre de un tango. Se pasó la mano por la frente secándose algunas gotas de sudor, preguntándose cuántas le habrían brotado en toda su trayectoria como empleado de limpieza de la empre...

El abandono

por Javier Debarnot Hasani tienes miles de cosas rondándole en la cabeza, pero ninguna de ellas relacionada con su labor más esencial, la de servir al faraón Dyeser en la construcción de una de las pirámides en el Imperio Antiguo de Egipcio. Corre el año 2315 A.C. y, ajena al majestuoso florecer de su civilización, su vida es un auténtico desastre. Alfredo tampoco las tiene todas consigo, y a pesar de que en el último brindis en el que despidió el año 2014 pensaba que no podría tener peor suerte que en aquellos doce meses que ya estaban expirando, el día a día le estaba dando mazazo tras mazazo haciéndolo quizás uno de los tipos más infelices de Buenos Aires. El egipcio se ha ausentado por tercer día consecutivo de sus labores arquitectónicas. Miles de esclavos del faraón están bajo sus órdenes y tienen tarea para rato en la maratónica empresa que significa levantar uno de los monumentos más imponentes del mundo antiguo. Hasani sabe que pronto tendrá que dar la cara, aunqu...

¿Quién da el do de pecho?

por Javier Debarnot -Eurovisión se está convirtiendo en cualquier cosa. Después de soltarle esa frase a mi amiga Noe, ella masculló un “ya ves, tío” mientras recargaba un bol gigante con nachos. Mi mujer había ido a la cocina y, a los gritos, nos advertía que la salsa de guacamole vencía en marzo de 2020, o sea que llevaba un par de meses caducada. En ese momento, cuando nos enfrascamos en una discusión sobre lo dañino que podría ser ese alimento expirado, ya habían participado veinticinco de los cincuenta países convocados al festival más emblemático de la música europea que, cabe destacar, ya se daba el lujo de invitar a artistas de otros continentes e incluso planetas (casualmente, el grupo de simpáticos y diminutos venusianos había cantado un carnavalito tan dignamente como si fueran coyas del altiplano boliviano). La delegación de Cataluña, por tercera edición consecutiva, insistía con versiones fusionadas de su clásica sardana, pero así como no había funcionado e...

Tiempos de ir agachando la cabeza

por Javier Debarnot El doctor Osorio, creyendo que iba a ser una tarde-noche más, llegó a la guardia con la cabeza que se le estaba partiendo, pero sólo al cruzar la puerta del hospital la escena que vio le arrancó todas sus molestias y preocupaciones de cuajo. ¿Se había desatado una guerra y se estaba enterando recién en aquel instante? Heridos. Decenas de ellos. Sentados en la sala de espera los menos graves o desplomados en camillas los que se retorcían de dolor, y por la puerta no dejaban de ingresar más y más, y en la entrada de la guardia la banda sonora de la sirena de las ambulancias no se detenía un segundo por el desfile incesante de vehículos trayendo nuevas víctimas. -¿Qué está pasando, por Dios? –le preguntó Osorio a su compañera, la doctora Levaggi. -No sé, pero creo que esto recién empieza. Los teléfonos estaban colapsados, aunque muy rápido se pudo tener un panorama de la situación a través de otros medios como internet. Los hospitales de t...

Ha sido increíble

por Javier Debarnot Lo malo de viajar en Metro cada mañana no es que vaya lleno por la hora punta, o no enganchar señal para el móvil entre determinadas estaciones. Lo malo es que nunca pase nada. Lo insoportable es la rutina, que como un gigante va avanzando muy de a poco pero aplastando todo a su paso. Cuando me subí en Badal ese jueves de abril, lo único distinto al resto de los días era el hecho de ser Sant Jordi, motivo por el cual decenas de chicas iban con una rosa en la mano. Para mi gran fortuna iba sentado, y desde mi comodidad poco habitual me llamó la atención una de las mujeres que llevaba una flor como las demás, con la diferencia de que ella era bellísima. Me eclipsaron sus ojos miel y quedé obnubilado, tanto que ni me percaté que un hombre estaba yendo hacia la dama abriéndose paso entre el resto de los viajantes, como braceando en un mar arremolinado. -¿Quién te regaló esa rosa? –le preguntó de un modo tan agresivo que nadie en el vagón pudo evitar dir...

Futboleros

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por Javier Debarnot Cuando Manel creó el grupo Futboleros para el WhatsApp invitando a David y a Javi, estuvieron casi media hora cambiando la imagen del perfil. Los dos primeros, como fieles pericos, ponían fotos del Espanyol, y el último contrarrestaba con alguna de Messi. Viendo que podían seguir así por toda la eternidad, alguno fue coherente con el nombre Futboleros y metió a una tía en pelotas, y ya nadie más la tocó –aunque estaba para tocarla toda la noche-. La consigna del grupo era clara: con el fútbol y la rivalidad Barça-Espanyol como hilos conductores, el objetivo era molestar al otro, sacarlo de quicio y, en lo posible, dejarlo sin respuesta tras el agravio verbal. Se planteaba un duelo desigual según donde se lo mirara, ya que aunque por un lado eran dos pericos contra un culé, también se podía apreciar una batalla dialéctica entre un seguidor de uno de los equipos más poderosos del mundo contra dos fanáticos de un club de medio pelo que apenas conocían afuer...

A través del cristal

por Javier Debarnot Cuando bajan el interruptor de la luz principal, se hace la oscuridad y yo ensayo una mueca que nadie ve para darle una cálida bienvenida a la negrura, y que consiste en sacar la lengua en un movimiento eléctrico y repentino. Para mí -y supongo que para la mayoría de mis compañeros y compañeras de celda- empieza el mejor momento de la jornada que casi siempre es la noche. Todos volvemos a ser naturales, olvidamos la parte del show que a cada uno le toca y, por fin después de larguísimas horas, nos relajamos para vivir la vida de la forma en que merecemos vivirla, sin miles de miradas molestas que a fuerza de repeticiones pareciera que nos van perforando la piel poco a poco, lenta pero cansinamente. ¿A quién le gusta ser observado por un gigantesco enjambre de ojos? Que yo sepa, ninguno de nosotros llenó una planilla para entrar en una especie de Gran Hermano. Es en estas horas, que por desgracia pasan rápido, cuando le doy mil vueltas a las cosas mientr...

Con-fusiones peligrosas

por Javier Debarnot Lo que para cien delegados iba a significar una semana “mitad trabajo-mitad juerga” en Málaga, para mí –el pringado de turno- serían varias horas trabajando en casa al servicio de la diversión ajena. Pero nunca hubiera podido imaginar que un simple juego de fusiones iba a transformarse en una locura inexplicable. La idea era, una vez recibidas por correo electrónico las fotos de esas cien personas, mezclar sus caras creando cincuenta personajes fusionados. Todo por obra y gracia de una simple y creativa aplicación del iPad que yo había aprendido a manejar en tiempo récord, desde el despacho de mi hogar, mientras mis hijos me reclamaban atención en sus vacaciones de invierno que también se suponía que eran las mías. A la hora en que me dispuse a hacer la primera transformación, el epicentro de la acción estaba a cientos de kilómetros de mi casa, en Málaga, hacia donde llegaban desde distintos puntos de España los cien protagonistas del evento. Se trataba...