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La anciana ridícula

por Javier Debarnot Basado en una historia real I.      -Tengo que llevarme a Eva.      La Muerte soltó la frase entre dientes porque hubiera querido que nadie la escuchara. Incluso se avergonzaba y ese rubor le había conquistado su expresión sin permiso, pero aún así, si dijo lo que había dicho era porque no le quedaba opción. Obviamente era conciente de que el Ángel, el mismísimo Ángel de Eva, no iba a tomar esa declaración como algo que puede espetarse al pasar. Enseguida se estremeció y le clavó su mirada a la Muerte como dos llagas ardientes que todo lo perforan.      -Sólo puedo aceptarte eso si se trata de una broma, pero aún viniendo de tu parte me parece de mal gusto.      -Es verdad.      -¿No fue suficiente cuando te llevaste a su madre siendo Eva apenas una adolescente?      Entonces la Muerte rememoró su propia vida releyendo en su mente la infi...

Apenas un cuento infantil

Imagen
por Javier Debarnot      Por primera vez desde que escribo aquí podrán ver una imagen ilustrando mi puñado de frases. Dicen que una sola de ellas vale más que mil palabras, cosa que yo no creo y puedo explicarles el porqué: si ven la foto de una casa, es esa casa y punto, pero si leen la palabra “casa”, ¿cuántas se pueden imaginar? La de ustedes, la mía, aquella donde pasaron su infancia o esa en la que transcurrieron las mejores vacaciones de su vida. Se dispara la imaginación y no hay quien pueda pararla.      Igual olvídense de todo porque esto viene con trampa. La imagen que verán es un simple rejuntado de palabras. No puedo con mi genio y sigo conservando este espacio sin mostrar siquiera una simple casa. Esto se sigue tratando de letras y más letras. Ahí van…        Lo que acaban de leer lo escribí cuando tenía siete años, o seis si ocurrió antes del 19 de abril de 1983. Lo primero que quiero asegurarle...

Toda la verdad y nada más que la verdad

por Javier Debarnot           Muchos sueñan con ser millonarios, otros con ser poderosos, y quizás una porción mínima, simplemente con ser héroes. Yo a decir verdad nunca me acosté deseando nada de eso, pero en mis treinta y cuatro años de vida estuve bastante cerca de cumplir una de esas tres aspiraciones: ser un héroe, pero de los de carne y hueso. ¿O acaso no lo es alguien que le salva la vida a un desconocido sin pretender recompensa alguna?      Me tengo que remontar a un tiempo mucho más lejano, precisamente a épocas en las que empezaba a adormecer la adolescencia pero la adultez se vislumbraba recién a cientos de kilómetros en mi hoja de ruta. Apenas tenía dieciocho años, aún vivía con mis padres y trabajaba como cadete en una pequeña editorial de libros escolares, aunque lo único que importa en la historia es que, luego de finalizar mis labores, volvía en el autobús de la línea 168 un viernes 21 de octubre de 1994 ...

Aislados

por Javier Debarnot       Nunca había cerrado los ojos, razón por la cual todas las instantáneas del horror quedarían tatuadas en sus retinas. En ese momento se preocupó por no abrir su boca impidiendo que el agua empezara a rellenarle los pulmones, y con una inusual calma pataleó y braceó con todas sus fuerzas alejándose de partes del fuselaje del avión que se hundían arrastrándolo todo a su paso. En pocos segundos y sorteando cuerpos y restos maltrechos, Robert se esfumó de la oscuridad de las profundidades, emergió a la superficie y allí nadó dejando atrás la peor escena de su vida.         Tiempo después, el único sobreviviente llegaría jadeando desesperadamente hasta la orilla de una isla dibujada en el medio de la nada y sin permiso para retratarse en mapa alguno. Extasiado, Robert se desplomó sobre uno de los respaldos de asiento que también habían sido arrastrados al igual que él, y allí se durmió temblando del frío y del t...