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Perdido en el Amazonas

por Javier Debarnot       El último año de mi libertad viví la experiencia única de conocer el Amazonas. El broche de oro fue recorrer el brazo principal del mítico río desde Tabatinga hasta Manaos, en un barco de carga y pasajeros. Brasileños de la zona, algunos turistas europeos y de otros países de América fueron mis compañeros de expedición. Lorenzo, un científico francés, sería quien iba a marcar el rumbo, no del viaje sino de mi destino.         El Voyager III era casi como el Titanic, excepto que no tenía ni sus dimensiones, ni sus chimeneas, ni su velocidad ni su lujo. Tampoco era su viaje inaugural. Pero yo, en cubierta y parado en la proa, me sentía como el rey del mundo, sobretodo al ver a lo lejos algún delfín rosa contorneando entre olas calmas, y no es que lo divisaba por estar bajo efectos de alguna droga amazónica, sino porque verdaderamente existía, siendo uno de los mamíferos más típicos y pintorescos de la reg...

Las preguntas del rey

por Javier Debarnot       Érase una monarquía donde la principal ley consistía en que jamás se lo podía contradecir al rey. Cuando éste hacía una pregunta a cualquiera de sus súbditos, una negación equivalía a perder la cabeza in-situ, frente al pueblo y sin importar que la respuesta estuviera emparentada con una verdad absoluta. Un “no” al rey era un pasaje seguro a la muerte sin vueltas ni arrepentimientos.         Aquella reglamentación capital llevaba décadas de sangrienta práctica y motivaba que, morbosamente, a los monarcas se los recordaba por el número de cabezas rebanadas durante su reinado. A Ricardo III se le contabilizaron doscientas treinta y seis al cabo de nueve años y Pedro el Justo apenas había decapitado a diecisiete mientras duró su mandato de un lustro. Los cuerpos malogrados de las víctimas se cremaban inmediatamente después de cada deceso, salvo las cabezas que se guardaban como trofeos de guerra en una habita...

Arrástrate y anda

por Javier Debarnot       Desde hace unos meses Emilio se las había rebuscado para ganarse la vida, aunque el “dignamente” no se ajustaba a su caso. Manifestando una imposibilidad para caminar, empezó pidiendo en una silla de ruedas por los vagones del subterráneo y sacaba treinta pesos por día. Hasta que descubrió que arrastrándose por el suelo sin silla podía recaudar hasta cien por mañana.         Había elegido la estación “Tribunales”, porque estaba provista de un ascensor que le permitía llegar sentado hasta el andén sin necesidad de que alguien lo bajara por las escaleras. Se metía en cada subte que pasaba e iniciaba su discurso mendigando monedas de muchos y billetes de los más samaritanos. Apenas tres horas después de haberse subido al primer vagón, ya podía contar en sus bolsillos la cantidad suficiente de dinero para solventarse. Vivía solo en un mono ambiente del barrio de Once, y para casi todos era una incógnita cómo h...

El día más pensado

por Javier Debarnot       -Ahí, ahí, quedate parado justo ahí.       Lucas pretendía que Lautaro se quedara inmóvil en medio de la oficina como antena humana. Eran las 16:04 y ya estaba empezando un programa de radio en el cual Lucas era productor artístico. Y si alguien no sostenía el trozo de metal, el sonido se tornaba una lluvia molesta.       -¿Te pensás que no tengo nada que hacer?- lanzó Lautaro.       -No, dale, haceme el favor, sostené la antena un segundo más- seguía rogando Lucas, pero la ayuda de su amigo se esfumaría enseguida.       -La voy a soltar ya. Parate y arreglate- y dejó escurrir la antena de sus manos sin titubear, volviéndose a oir ese molesto zumbido.       -¿Y si movés un poco el dial? Puede ser que se haya perdido la sintonía, fijate, Lauta.       -¿Te parece? A ver… - con...

Creo

por Javier Debarnot      El olor que despide un artefacto “espiral Raid anti-mosquitos” puede ser catalogado de distintas formas según quien lo perciba. Perjudicial para un activista de Greenpeace, estimulante para un drogadicto en ayunas e inofensivo para un mosquito. Para mí es todo eso más algo fundamental: es el aroma de los Reyes Magos. Se trata de ese tufillo que matizaba la eterna vigilia, la espera en la noche previa para ver si pescaba in fraganti a esos personajes que sin ser la Cenicienta llenaban mis zapatos con justeza.      Remontarme a esos veranos de enero, porque todavía vivía en el hemisferio sur, es volver a aquella época en que yo aún conservaba ese tesoro tan grande llamado inocencia. Recuerdo esos ritos que eran mágicos cuando uno creía y que se tornan tan absurdos una vez que tenemos la verdad de la milanesa: juntar el pasto y el agua para dejarle a los camellos de los Reyes. ¿Cómo no me daba cuenta de que el sonido de ...

Si yo hubiera estado, no hubiera pasado

por Javier Debarnot       -Si yo hubiera estado, no hubiera pasado –le dije con firmeza a mi papá sin intención de iniciar una discusión que se iba a alargar inútilmente. El acontecimiento era de ligero a insignificante para muchos, pero de vida o muerte para unos pocos en los que me incluía: perder una vez más contra Boca devenía en mi ser una depresión de varios días.       En la cancha de River, con casi todo el público a favor, un 0-1 a los cuarenta y siete del segundo tiempo era mucho más de lo que un corazón gallina podía soportar. Y encima con gol de cabeza de Figueroa tras un corner tirado por Riquelme. Y yo no había estado presente quién sabe por qué. Lo padecí por radio y todavía lo sufría cuando volvió mi papá de su trabajo, en donde también había seguido el clásico pero por internet.       -De verdad que estoy seguro que hubiera sido otra cosa conmigo en la cancha- le insistía.    ...